7.6.6 El ministerio de Apóstol Mayor

Jesucristo, el Hijo de Dios, es la cabeza de su Iglesia. En esta Iglesia, el ministerio de Apóstol Mayor tiene la tarea de ejercer la función de Pedro conforme a las palabras de Jesús: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt. 16:18-19).

Jesús habla del fundamento y de la edificación de su comunidad en relación con la posición especial del Apóstol Pedro. Este es la “roca" sobre la cual Jesucristo edifica su Iglesia. De esa manera, surge una relación indisoluble entre el ministerio de la roca y su Iglesia. El ministerio de la roca y la Iglesia de Cristo fueron dados a los hombres para alcanzar la salvación en Jesucristo.

La función y las tareas que el Señor le transfirió al Apóstol Pedro, están hoy a cargo del Apóstol Mayor. Así, él trabaja en pos de la unidad pedida por el Señor entre los Apóstoles (Jn. 17:20-23) al confirmar a sus hermanos, los Apóstoles (Lc. 22:32). Él apacienta los “corderos y ovejas" del rebaño de Cristo (Jn. 21:15-17).

La función del Apóstol Mayor se exterioriza en mantener pura y seguir desarrollando la doctrina, en hacer accesibles nuevos reconocimientos, así como difundir en forma uniforme el testimonio de la fe. El Apóstol Mayor también establece el ordenamiento de la Iglesia. Estas tareas conforman el “poder de llaves" del ministerio de Apóstol Mayor.

El Apóstol Mayor es la autoridad espiritual suprema; en el círculo de los Apóstoles le compete la posición directiva.

El Apóstol Mayor ordena a los Apóstoles. Es necesario que los Apóstoles estén en unidad con él: tan sólo de esa manera puede cumplir la tarea que compromete a todo el apostolado, de hacer accesible la salvación a los hombres.

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