6.4.2 La realización de la Iglesia de Jesucristo en la historia

La historicidad de la Iglesia se basa en la historicidad de Jesucristo. Jesucristo vivió como verdadero hombre entre los hombres: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos, [...] eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1:1-3).

Así como Jesucristo pudo ser experimentado por el hombre con sus sentidos, también puede ser experimentada su Iglesia. Esta se manifiesta en la realidad histórica, más precisamente en la comunión de los hombres que han sido bautizados, que creen en Cristo y se profesan a Él.

Las epístolas de los Apóstoles en el Nuevo Testamento ya testifican sobre la discrepancia entre la pretensión del Evangelio y la realidad en las comunidades. Siempre hubo esta divergencia en la realidad histórica y hasta ahora no ha podido ser dejada de lado. Aunque la Iglesia de Cristo es perfecta en su naturaleza, en su forma histórica se muestra imperfecta. Así como es perfecta por ser instituida por Dios, presenta deficiencias por causa de los hombres que están activos en ella, que como “piedras vivas" deben edificarla como “casa espiritual" (1 P. 2:5).

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