6.2.3.3 La ciudad de Dios

En la imagen de la ciudad de Dios, la Iglesia es mostrada como el lugar en el que Dios mora en medio de aquellos que le pertenecen. Sobre la tierra, la Iglesia es el lugar donde Jesucristo, el Mediador, hace accesible de diferentes maneras la salvación y concede comunión con Dios. Consiguientemente, la Iglesia es el lugar de encuentro con Dios, de adoración y del Servicio Divino.

La Iglesia de Jesucristo supera toda capacidad humana de imaginación; existe en el mundo de aquende y en el de allende, es presente y futura. Estas formas de manifestación van juntas. Una noción de lo sublime que es la Iglesia en su perfección definitiva puede encontrarse en la descripción de Hebreos 12:22-24. Con las palabras: “Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial" se alude a la Iglesia en toda su plenitud. Por ende, la parte terrena de la Iglesia está entrelazada con su parte celestial. En la Jerusalén celestial reina Dios; pertenecen a ella los ángeles, la “congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos", las almas de los justos hechos perfectos y Jesús el Mediador del nuevo pacto.

Si en los cielos, los seres celestiales ofrecen adoración y gloria a Dios (Sal. 29:1; Ap. 4), esto también acontece sobre la tierra, en la parte terrena de la Iglesia de Cristo.

En la futura ciudad de Dios, la nueva Jerusalén, Dios mismo morará con los hombres (Ap. 21:3).

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