6.2.3.2 El pueblo de Dios

La imagen del pueblo de Dios hace referencia al hecho de que entre los diferentes pueblos Dios había elegido a uno: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres" (Dt. 7:6-8).

La historia de Israel se basa en el obrar redentor de Dios; Él liberó al pueblo del cautiverio en Egipto y lo condujo a la tierra prometida. A este pueblo Dios envió a su Hijo, en este pueblo Dios se hizo hombre. Sin embargo, Israel rechaza al Mesías y no cree en Él. Para el pueblo del antiguo pacto, el Hijo de Dios se convierte en una piedra de escándalo y tropiezo.

Frente a ello están aquellos que como pueblo de Dios del nuevo pacto creen en Jesús: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios [...]; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia" (1 P. 2:9-10).

Aquí la Iglesia de Cristo es mostrada tanto en su vocación actual como en su vocación futura. Actualmente está simbolizado en ella lo que será de manera perfecta en el futuro: compartirá con Cristo su gloria.

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