6.2.3.1 El cuerpo de Cristo

La imagen de la Iglesia como el cuerpo de Cristo ocupa una posición central.Se utiliza con frecuencia haciendo alusión a aquellos que por el Bautismo, su fe y su Confesión pertenecen a Jesucristo. En Romanos 12:4-5 los creyentes son calificados de “miembros" del cuerpo de Cristo, que es uno. De esa manera se vuelve sobre una idea, que entonces era corriente, de que el Estado se entendía como un cuerpo orgánico y los individuos como sus miembros. Los dones de los miembros de la comunidad son diferentes, también las funciones. Todos, no obstante, están relacionados entre ellos y se sirven unos a otros. La Iglesia, por lo tanto, es un organismo en el que todos dependen unos de otros.

A pesar de las diferencias de cada uno de los miembros, juntos forman una unidad. Como miembros del cuerpo de Cristo se cuidan entre ellos y están vinculados unos a otros: “Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo" (1 Co. 12:20).

En Efesios 1:22-23 se muestra a Cristo como la cabeza de la Iglesia y como el que tiene señorío sobre todas las cosas. Se vuelve sobre el himno de la epístola a los Colosenses, donde dice: “Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia" (Col. 1:18). En este simbolismo, se equipara a la Iglesia de Cristo con el “cuerpo de Cristo"; ella es parte de la perfección de su Señor.

La imagen del cuerpo también se utiliza para la comunidad local, en la cual deben llegar personas imperfectas “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Ef. 4:13).

El crecimiento del cuerpo – tanto en lo referido a la Iglesia como un todo como también a la comunidad local y a los fieles individualmente – acontece por el obrar de Dios (Col. 2:19). El crecimiento está orientado a Cristo; Él, como la cabeza, es el Señor, la medida y la meta (Ef. 4:15). Para la edificación del cuerpo de Cristo, Dios ha dado ministerios y servicios.

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