5.3.1.3 Los Diez Mandamientos en el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento, los Diez Mandamientos son ratificados por el Hijo de Dios adquiriendo un sentido más profundo. En sus manifestaciones, Jesucristo se muestra como Señor de los mandamientos, y aun de toda la ley (Mt. 12:8). Lo expresado por Jesús al joven rico deja en claro que la vida eterna sólo puede ser alcanzada cuando la persona, además de dar cumplimiento a los mandamientos, sigue a Cristo (Mt. 19:16-22; Mr. 10:17-21).

Jesucristo da lugar a una nueva visión de la ley mosaica (ver 4.8) y por consiguiente también de los Diez Mandamientos. El Apóstol Pablo tradujo el sentido de la ley mosaica conforme a la interpretación del Antiguo Testamento, en la formulación: “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Ro. 3:20).

Ya por la violación de uno solo de estos mandamientos, el hombre se hace culpable de toda la ley (Stg. 2:10). Por lo tanto, todos violan la ley, todos los hombres son pecadores.

La ley hace posible reconocer el pecado. Únicamente el sacrificio de Cristo, el fundamento del nuevo pacto, puede borrar los pecados cometidos.

Los Diez Mandamientos también tienen validez en el nuevo pacto; son obligatorios para todos los hombres. La diferente interpretación de los Diez Mandamientos en el nuevo pacto se debe a que, conforme a las profecías de Jeremías 31:33-34, la ley de Dios no sólo está escrita en tablas de piedra, sino que es dada en la mente y escrita en el corazón. Cumpliendo el mandamiento del amor a Dios y al prójimo se cumple toda la ley (Ro. 13:8-10).

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