5.2 Los mandamientos de Dios, expresión de su amor

Dios es amor (1 Jn. 4:16) y sus mandamientos son expresión de su amor. El objetivo de los mandamientos es ayudar al hombre a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios y en una armoniosa relación con los demás. Los mandamientos de Dios deben impulsar al hombre al “amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida" (1 Ti. 1:5).

Dios creó al hombre y lo bendijo. Lo ama desde el principio y aun después de haber caído el hombre en el pecado, le sigue brindando su amor y protección. Todo el obrar divino de salvación se fundamenta en su amor. Por amor eligió al pueblo de Israel (Dt. 7:7-8). Mediante los mandamientos, Dios anuncia su voluntad a este pueblo, por el cual deben ser bendecidos todos los pueblos, a fin de protegerlo y, como la máxima expresión de su amor por el mundo (Jn. 3:16), brinda en medio de este pueblo a su Hijo Jesucristo.

También Jesucristo hace alusión a la extraordinaria importancia que Dios le brinda al amor ya en la ley y en los anuncios proféticos en el antiguo pacto. A la pregunta por el “gran mandamiento en la ley" (Mt. 22:36), Jesús responde con dos citas de la ley mosaica: “‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente´. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo´. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mt. 22:37-40).

Jesucristo es el final del antiguo pacto y el comienzo del nuevo. En el nuevo pacto, Dios hizo accesible al hombre la posibilidad de llegar a ser su hijo y recibir la esencia divina por excelencia, que es el amor: “... porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Ro. 5:5). Este amor inmanente a Dios ayuda a reconocer que en los mandamientos de Dios se manifiesta ese su amor. Esto lleva a cumplir los mandamientos no por temor al castigo, sino por amor al Padre celestial: “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos" (1 Jn. 5:2-3; comparar con Jn. 14:15, 21 y 23).

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