4.8 Ley y Evangelio

Atenerse estrictamente a la ley mosaica y ocuparse de su contenido, tenían importancia central en el antiguo pacto (ver 4.7.1).

El concepto “Evangelio" viene del griego y significa “buena nueva". No obstante, el uso lingüístico helenístico no es la única fuente para la interpretación de este concepto en el Nuevo Testamento. Ya se lo aborda en el Antiguo Testamento; así dice en Isaías 61:1: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos" (comparar con Lc. 4:18).

En el Nuevo Testamento, bajo “Evangelio" se entiende el obrar divino de salvación en Jesucristo, desde su nacimiento hasta su muerte en la cruz, su resurrección y finalmente, su retorno. El Apóstol Pablo describe los contenidos principales del Evangelio: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce" (1 Co. 15:3-5).

El Evangelio, entonces, manifiesta el acto de salvación de Jesucristo, que no puede ser relativizado ni debilitado por nada. El Evangelio anuncia que Jesucristo es el único camino hacia la salvación.

Aunque entre ley y Evangelio haya una cierta divergencia, ambos revelan la voluntad divina de salvación. Sin embargo, la ley mosaica estaba dirigida al pueblo de Israel que en ese momento era el pueblo elegido, mientras que el Evangelio tiene validez universal.

No obstante, no es admisible equiparar la ley exclusivamente con el Antiguo Testamento y el Evangelio con el Nuevo Testamento: ambas partes de la Sagrada Escritura comprenden tanto elementos de la ley como también del Evangelio. En el Antiguo Testamento, la esencia de la ley y el Evangelio son accesibles recién con la llave del reconocimiento que genera el Nuevo Testamento. El Evangelio, que se trasluce en toda la Sagrada Escritura, es la “palabra de la cruz" (1 Co. 1:18), “la palabra de la reconciliación" (2 Co. 5:19).

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