4.5.3 Libre elección de la gracia de Dios

La elección es una dádiva de Dios que puede ser aceptada con fe o rechazada a causa de incredulidad.

Nadie puede ganarse la elección mediante sus obras o, mucho menos, pretender tener derechos sobre ella; la elección, además, no puede ser explicada con la razón. La elección divina es y será un misterio de Dios, que solamente puede ser entendido con la fe. Dios la concede a aquellos que Él ha escogido a tal efecto (Ro. 9:10-20).

El hombre no es forzado a aceptar o afianzar la elección de Dios. Constituye su propia decisión si él desea creer y seguir el llamado divino, y cumplir fielmente las tareas que le han sido asignadas.

En este contexto, existe un área de tensión entre la elección de Dios por gracia, que es independiente de la conducta humana, y la libre decisión del hombre de aceptar o no esa elección. Esta tensión no se puede resolver racionalmente.

Dios elige a los seres humanos para su propia salvación y para la salvación de otros. Ellos son escogidos para colaborar en su plan de salvación. Cuando Dios elige a alguien, esto va ligado a una tarea o propósito.

Así, son llamados y elegidos para ser cristianos aquellos que están bautizados y que se confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador. Ellos deben transmitir el Evangelio. Esos cristianos renacidos de agua y Espíritu han recibido además las condiciones previas para la primogenitura. Entre ellos es preparada la novia de Cristo para conformar en el reino de paz el sacerdocio real (ver 10.6).

De ninguna manera puede derivarse de la doctrina de la elección, que las acciones del hombre están predeterminadas y que no tiene ningún poder de decisión [8]. Esta posibilidad es un elemento esencial de la existencia humana. Tampoco es motivo para deducir que la elección de una persona para formar parte de la comunidad nupcial significa el rechazo de otros que no han sido elegidos para tal propósito. Antes bien, la salvación está abierta en el futuro a todas las personas, hasta llegar a la comunión eterna con Dios en la nueva creación.

Aceptar la elección con fe significa seguir a Jesucristo en forma coherente. La elección también tiene consecuencias escatológicas: Cuando Jesucristo como Rey de todos los reyes establezca su reino de paz, a su lado el sacerdocio real anunciará las buenas nuevas de la salvación en Cristo a todos los hombres. Han sido elegidos para este próposito los que tuvieren parte en la Primera Resurrección (Ap. 20:6).

El afianzar la elección se pone en evidencia aceptando la gracia y siendo fiel a Dios y su Obra.

La elección es un acto de amor de Dios; Él es fiel a sus escogidos. Ninguna influencia externa los podrá separar del amor de Dios (Ro. 8:29 y 37-39).

EXTRACTO

La elección está fundamentada en la voluntad de Dios, quien escoge a individuos para un fin por Él determinado. Dios eligió al hombre de todas sus criaturas y le dio el encargo de sojuzgar la tierra. (4.5; 4.5.1)

Nadie puede reclamar para sí la gracia de la elección de Dios, la cual no puede ser comprendida con el entendimiento humano. Esto se ve en muchos ejemplos del Antiguo Testamento. (4.5.1; 4.5.3)

Jesús elige a los Apóstoles de entre sus discípulos y los envía a todas las naciones con el encargo de enseñar y bautizar. Elige al pueblo del nuevo pacto de entre los judíos y los gentiles. (4.5.2)

La elección es una dádiva de Dios que puede ser aceptada con fe o rechazada a causa de incredulidad; esta libertad de decisión forma parte de la esencia del hombre. Aceptar la elección con fe significa seguir a Jesucristo en forma coherente. (4.5.3)

Dios elige a los seres humanos para su propia salvación y para la salvación de otros. Cuando Dios elige a alguien, esto va ligado a una tarea o propósito. (4.5.3)

La elección no significa que estén predeterminadas las acciones del hombre. (4.5.3)

[8] La elección frecuentemente se relaciona con la predestinación. La predestinación se ha interpretado algunas veces como la disposición anticipada de Dios sobre el destino del individuo. No obstante, la predestinación no se refiere a determinar el decurso de la vida humana sobre la tierra, sino a que Dios predetermina al hombre para la salvación.

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