4.4 El plan divino de salvación

En la Sagrada Escritura el concepto “salvación" se utiliza en el sentido de “socorro", “protección" y “redención". El obrar de Dios tiene por objetivo lograr la salvación. Este accionar se desarrolla como historia de la salvación, en la cual reconocemos una sucesión de actos divinos conforme a un plan establecido por Dios.

La historia de la salvación cobra efecto inmediatamente después de la caída del hombre en el pecado. Continúa con la salvación de Noé de la catástrofe del diluvio, la elección y bendición divinas de los patriarcas, el pacto con Israel y la historia del pueblo de Dios del Antiguo Testamento. El hecho central de la historia de la salvación es la encarnación de Dios en Jesucristo, su sacrificio en la cruz, su resurrección y su ascensión. Sigue con el derramamiento del Espíritu Santo y la difusión del Evangelio por los Apóstoles del primer tiempo y el posterior desarrollo del cristianismo hasta ser nuevamente cubierto el ministerio de Apóstol, cuya meta es la preparación de la comunidad nupcial para el retorno de Jesucristo. Prosigue luego el obrar salvífico en el milenario reino de paz hasta el juicio final. Finalmente Dios creará el cielo nuevo y la tierra nueva. Todo este desarrollo se denomina “el plan divino de salvación".

Una primera expresión de los pensamientos salvíficos de Dios se encuentra en su obrar después de la caída en el pecado (ver 4.2). La tradición cristiana ve ya en la maldición de la serpiente, una referencia al Redentor que vendría, el punto central de la voluntad salvífica de Dios.

Dios configura de diferente manera de qué clase será la salvación y en qué medida esta será transmitida en los distintos períodos de la historia de la salvación. Pero por sobre todo está la voluntad de Dios de liberar a todos los hombres en todos los tiempos.

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