4.3.1 Pecado

El pecado es todo lo que se opone a la voluntad de Dios y va en contra del ser de Dios. Todo pecado separa de Dios. Para volver a estar cerca de Él, el pecado debe ser perdonado (ver 12.1.8).

Ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento contienen una “doctrina del pecado" cerrada o un “catálogo de pecados" sistemático y completo.

Invariablemente, Dios mismo hace justicia revelando su voluntad. El hombre está obligado a preguntar por la voluntad de Dios y a actuar de manera acorde. Todas las palabras, los actos, y los pensamientos dirigidos en contra de la voluntad y del ser de Dios, son pecados, como lo es también el no hacer lo bueno intencionalmente (Stg. 4:17).

La Sagrada Escritura considera “pecado", violar los Diez Mandamientos (Ex. 20:20), romper los votos dados a Dios (Dt. 23:22), negar la fe en Cristo (Jn. 16:9), así como la avaricia, la envidia y otros similares.

Al momento de evaluar si algo es pecado o no, lo decisivo es, exclusivamente, la voluntad divina, así como se la puede reconocer en la Sagrada Escritura, como responde al sentir y espíritu del Evangelio de Cristo y como es revelada por el Espíritu Santo. El hombre de ninguna manera puede decidir por sí mismo qué es pecado.

En las circunstancias de la vida, cada uno es responsable ante Dios y ante sí mismo, es decir que carga con la responsabilidad de su propia conducta.

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