4.2.1.2 El hombre pecador sigue siendo amado por Dios

El hombre que se ha tornado pecador tendrá que cosechar lo que sembró “... la paga del pecado es muerte" (Ro. 6:23). A pesar de su desobediencia y su arrogancia, el Eterno ama a sus criaturas, se ocupa de ellas y las acepta. Constituyen símbolos del desvelo divino, que Dios haga a Adán y Eva túnicas de pieles y los vista con ellas (Gn. 3:21), y que cuando Caín después del fratricidio teme la venganza, lo dote de una señal que lo protegería (Gn. 4:15).

El amor que Dios le prodiga al hombre también después de haber caído en el pecado, se manifiesta en forma consumada en el envío de su Hijo. Jesucristo viene y triunfa sobre el pecado (1 Jn. 3:8). En Él los hombres pueden ser salvos del daño producido por el pecado (Hch. 4:12).

En un impactante contraste frente al rebelarse y a la vanidad del hombre cada vez más asediado por el pecado, el Hijo de Dios hecho carne deja una muestra de obediencia completa hacia su Padre (Fil. 2:8). Con su muerte en sacrificio, Jesucristo adquiere el mérito por el cual el hombre es liberado de sus pecados y redimido hasta sus últimas consecuencias “de la esclavitud de la corrupción" (Ro. 8:21), haciéndole accesible la posibilidad de vivir en eterna comunión con Dios.

El Apóstol Pablo explica esta situación: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos" (Ro. 5:18-19).

La justificación ante Dios no llega al hombre pecador fácilmente. Por el sacrificio de Jesús, Dios ha dado su “sí" al hombre, no lo condena, sino que quiere brindarle salvación. El hombre es exhortado a esforzarse seriamente para procurársela y a aceptar el “sí" de Dios. Dios lo dotó a tal efecto de conciencia, razón y fe. Si el hombre para su propósito se orienta en Jesucristo, le será accesible por gracia la justificación obtenida por el Hijo de Dios (Ro. 4:25). Lo que el hombre produce no tiene efectos de justificación. Más bien, lo que él produce – las obras – es una expresión necesaria y natural de la fe: una señal de que acepta el ofrecimiento divino de salvación.

EXTRACTO

Por la caída en el pecado se produjo la separación del hombre de Dios. Su consecuencia es la expulsión del huerto de Edén. Adán es el arquetipo de todos los pecadores. (4.2.1; 4.2.1.1)

El amor de Dios es prodigado al hombre también después de haber caído este en el pecado. Se manifiesta en forma consumada en el envío de Jesucristo, quien triunfa sobre el pecado y la muerte. (4.2.1.2)

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