3.5.4.3 El poder desde lo alto

Antes de su ascensión, el Señor resucitado prometió a sus Apóstoles: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Lc. 24:49). Con ello anunciaba el derramamiento del Espíritu Santo así como ya lo había hecho Dios a través del profeta Joel (Jl. 2:28-29). En Pentecostés se cumplió esta promesa, comenzando la actividad pública de los Apóstoles.

La locución “poder desde lo alto" (del gr.: “dynamis": “poder") da a entender la plena, conmovedora y fortalecedora acción del Espíritu y remite a la poderosa intervención de Dios. De la misma manera que el Padre y el Hijo se manifiestan dentro del mundo histórico, la automanifestación de Dios en el Espíritu Santo tuvo lugar en Pentecostés, como un acontecimiento en la historia de la salvación. El Espíritu Santo fortalece a la Iglesia de Cristo en sus esfuerzos por vivir conforme al agrado de Dios preparándose así para el retorno de Cristo.

EXTRACTO

Jesucristo, sostén y abogado de sus discípulos, prometió otro Consolador. Él da testimonio de Jesucristo y lo glorifica, mantiene latente el Evangelio entre los seguidores de Cristo y respalda a la comunidad. (3.5.4; 3.5.4.1)

Jesucristo también llamaba al Espíritu Santo el “Espíritu de verdad". El Espíritu Santo distingue la verdad de la mentira. (3.5.4.2)

Jesús hizo alusión a futuras revelaciones del Espíritu Santo. Todas están relacionadas con la esencia y obra de Cristo. (3.5.4.2)

La locución “poder desde lo alto" remite a la poderosa intervención de Dios en la actividad del Espíritu Santo. (3.5.4.3)

La automanifestación de Dios en el Espíritu Santo tuvo lugar en Pentecostés, vinculándose con ella el comienzo de la actividad pública de los Apóstoles. (3.5.4.3)

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