3.5.4.1 El Consolador

Jesucristo es sostén y abogado de los suyos (Mt. 28:20; 1 Jn. 2:1). En sus palabras de despedida previas a su prendimiento y crucifixión, prometió otro Consolador, el “Parákletos" (derivado del griego “parakletos: “apoyo, intercesor, ayudador o consolador"): “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre [...] Mas el Consoldador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas la cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn. 14:16 y 26). El Espíritu Santo es ese “otro" Consolador y apoyo que permanece en la comunidad. Él da testimonio de Jesucristo y lo glorifica (Jn. 16:14).

Desde la ascensión del Señor y el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, mantiene latente el Evangelio entre los seguidores de Cristo, y los respalda (Mt. 10:19-20).

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