3.4.9.3 Jesús ante el concilio

El concilio declaró a Jesús culpable de blasfemia a Dios y lo condenó a muerte. Se consideró que Jesús había blasfemado a Dios por haber pretendido ser el Hijo de Dios.

Durante el interrogatorio a Jesús ante el concilio, Pedro negó ser un discípulo de Jesús y conocerlo (Lc. 22:54-62). Cristo también sufrió por esta negación, pero no desechó a Pedro.

Después de que el concilio condenara a muerte a Jesús, Judas Iscariote se arrepintió de su traición y quiso devolver las 30 piezas de plata a los principales sacerdotes: “Yo he pecado entregando sangre inocente" (Mt. 27:1-5). Ya que los principales sacerdotes no quisieron aceptar el dinero, lo arrojó en el templo, se fue y se ahorcó. De sus palabras se puede concluir que Judas no quería la muerte de Cristo. A pesar de que con su traición se cumplieron las Escrituras (Mt. 27:9-10; Jer. 32:9; Zac. 11:12-13), esto no lo libera de la responsabilidad por su obrar.

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