3.4.5 Jesucristo, el Redentor

El nombre “Jesús" significa: “El Señor salva". Cuando el ángel del Señor anunció el nacimiento de Jesús, anticipó al mismo tiempo su nombre: “[...] llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1:21). De esa manera, al llamarlo con ese nombre queda en claro que Jesús es el Salvador y Redentor prometido.

En sus obras, Jesucristo se manifestó como el Salvador y Redentor enviado por Dios: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio" (Mt. 11:5). Mas la redención transmitida a través de Jesucristo llega mucho más allá de las dimensiones de lo visible y temporal hasta las esferas de lo invisible y eterno. Le quita al diablo sus derechos sobre la humanidad y aparta del pecado y la muerte.

La redención del hombre está basada en el sacrificio de Jesucristo (Ef. 1:7). Sólo en Él se hace accesible la salvación a la humanidad (Hch. 4:12).

EXTRACTO

“Dios, el Hijo", es la segunda persona de la Trinidad Divina. Se hizo carne en Jesucristo y al mismo tiempo siguió siendo Dios: entró en la realidad histórica. (3.4)

Jesucristo es verdadero hombre y verdadero Dios, es decir que tiene dos naturalezas. En su naturaleza humana, Jesucristo es como todo otro ser humano, sólo que sin pecado. En su naturaleza divina, también durante su humillación en la tierra, sigue siendo invariablemente verdadero Dios. (3.4)

Jesús es llamado el “unigénito Hijo de Dios". El Hijo de Dios, el “Unigénito", ha sido engendrado por el Padre, es decir que no ha sido hecho, sino que es eterno, sin principio ni fin, consustancial con el Padre. (3.4.1)

El trascendental Verbo divino (“Logos"), que en el principio está con Dios, entra ahora con Jesús en la esfera terrena y lo humano. “Fue hecho carne" (Jn. 1:14), el eterno Verbo fue hecho verdadero hombre. La gloria del Padre, puramente de allende, se hace realidad histórica en la gloria del Hijo, terrena y perceptible directamente. (3.4.2)

La doble naturaleza de Jesucristo como verdadero hombre y verdadero Dios es un misterio. Como verdadero hombre Jesús compartió con los hombres todo el espectro de las sensaciones físicas y psíquicas. Como verdadero Dios expresó su consustancialidad con el Padre: “Yo y el Padre uno somos" (Jn. 10:30). (3.4.3)

El Antiguo Testamento hace referencia al Mesías que vendría. Algunos profetas del Antiguo Testamento señalan detalles concretos relacionados con la venida del Redentor. Así, tanto la encarnación del Hijo de Dios como su camino sobre la tierra, fueron vaticinados en el Antiguo Testamento. (3.4.4)

En sus obras, Jesucristo se manifestó como el Redentor enviado por Dios. La redención de la muerte y el pecado está basada en el sacrificio de Jesucristo; sólo en Él se hace accesible la salvación a la humanidad. (3.4.5)

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