3.3 Dios, el Padre

Dios se manifiesta como Padre, en forma insuperable, en la encarnación de Dios, el Hijo: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. [...] A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Jn. 1:14 y 18). Desde la eternidad Dios, el Padre, engendra a su Hijo unigénito (que quiere decir, nacido único; ver 3.4.1). Este misterio será revelado solamente a quienes el Hijo lo manifieste: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar" (Mt. 11:27).

Cuando el creyente emplea el concepto “Padre" en conexión con Dios, se relacionan con el mismo los distintos aspectos de la creación, de la autoridad y de los cuidados solícitos. Dios es el origen y el que preserva lo que ha creado. Por ende, todo ser humano puede dirigirse a Dios, que es su Creador, como Padre.

En el tiempo del Antiguo Testamento, Dios se manifestó al pueblo de Israel como Padre lleno de amor y preocupación por ellos. Dijo a Moisés: “Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva" (Ex. 4:22-23). El pueblo de Israel llamó a Dios “Padre" (Dt. 32:6; Jer. 31:9). Cuando Jesús habló a los judíos en el Sermón del Monte, también hizo referencia a Dios como su Padre (entre otros, Mt. 5:16). Invitó a invocar a Dios con las palabras: “Padre nuestro que estás en los cielos" (Mt. 6:9).

Jesucristo, a través del renacimiento de agua y Espíritu, allanó a los hombres el camino para llegar a ser hijos y, por lo tanto, herederos del Altísimo (Ef. 1:5; Tit. 3:5-7; Ro. 8:14-17). De manera tal que los conceptos “Padre" e “hijo" han adquirido una nueva dimensión. En 1 Juan 3:1 es mencionado que el amor paterno de Dios es el motivo por el cual el renacido puede estar seguro de su relación de filiación: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios", ¡y así lo somos!

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