3.2.2 Referencias sobre el trino Dios en el Nuevo Testamento

A pesar de que en el Nuevo Testamento tampoco encontramos una doctrina específica sobre la Trinidad, sí se transmiten sucesos y formulaciones que ponen en claro la Trinidad Divina en su accionar dentro de la historia de la salvación. Un ejemplo de la presencia del trino Dios se puede ver inmediatamente al comenzar la actividad pública de Jesús, cuando en su Bautismo el Padre y el Espíritu Santo atestiguan el envío del Hijo de Dios hecho hombre: “Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia" (Mr. 1:10-11). Este pasaje demuestra que el Hijo de Dios obra en unidad con el Padre y el Espíritu Santo.

Padre, Hijo y Espíritu Santo también son mencionados en el mandato del Bautismo dado por Jesucristo a los Apóstoles antes de su ascensión (Mt. 28:18-19).

Otras referencias a la correlación existente entre las personas divinas se hallan en el Evangelio de Juan cuando se menciona la unidad del Hijo con el Padre, donde Jesucristo dice: “Yo y el Padre uno somos" (Jn. 10:30, comparar también con Jn. 1:1 y 14). Asimismo, la promesa del Espíritu Santo hace referencia a la Trinidad de Dios (Jn. 16:13-15).

En las epístolas del Nuevo Testamento hay más alusiones a la Trinidad de Dios. Las encontramos en las alabanzas a Dios o también en las fórmulas de bendición. Así dice en 1 Corintios 12:4-6: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo". Aquí se menciona tanto la unicidad de Dios, como las diferentes automanifestaciones personales. También Efesios 4:4-6 testifica que el obrar de Dios contiene señales de su naturaleza trinitaria: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos". Asimismo en 1 Pedro 1:2 se habla acerca del obrar de salvación del trino Dios: “[...] elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo".

Una alusión clara a la Trinidad de Dios la constituye la fórmula de bendición que se encuentra al final de la 2ª epístola a los Corintios: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2 Co. 13:14).

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