3.1.4 Dios, el Todopoderoso

Con la confesión del primer artículo de la fe: “Yo creo en Dios, el Padre, el Todopoderoso, el Creador del cielo y de la tierra" atestiguamos que Dios puede hacer todo, que nada le es imposible y que para Él no hay ninguna clase de limitaciones en imponer su voluntad. En Salmos 135:6, esto es expresado así: “Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos".

También en la creación se muestra al hombre claramente la omnipotencia de Dios, porque sólo por su palabra fue creado todo de la nada (He. 11:3). En su omnipotencia, Dios determina el principio y el fin: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Ap. 1:8). Asimismo la nueva creación será expresión de la omnipotencia de Dios.

Jesucristo también habló de la omnipotencia de Dios, al decir: “Todas las cosas son posibles para Dios" (Mr. 10:27); esto fue atestiguado, igualmente, por ángeles: “Porque nada hay imposible para Dios" (Lc. 1:37).

La omnipotencia de Dios incluye la omnisciencia y la omnipresencia. Se hace referencia a la omnisciencia de Dios en Salmos 139:2-4: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda". El mismo Salmo alude a la omnipresencia de Dios: “Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra" (versículos 8-10).

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