2.4.7 El séptimo artículo de la fe

Yo creo que la Santa Cena ha sido instituida por el Señor mismo en memoria del una vez ofrecido, plenamente valedero sacrificio y de la amarga pasión y muerte de Cristo. El gustar dignamente la Santa Cena nos garantiza la comunión de vida con Jesucristo, nuestro Señor. Es celebrada con pan sin levadura y vino; ambos deben ser separados y suministrados por un portador de ministerio autorizado por el Apóstol.

Así como el sexto artículo de la fe trata sobre el Santo Bautismo con Agua, el séptimo artículo toma como tema la Santa Cena. La primera frase señala su institución por Jesucristo. La segunda frase habla de los efectos relacionados con gustar dignamente la Cena, y la frase final aclara que es necesario el ministerio autorizado para su consagración y suministro.

Primero se confiesa que la Santa Cena es una cena de conmemoración. Este aspecto ya se pone de relieve en el más antiguo texto conocido de la Santa Cena. Jesús mismo es el que exhorta a conmemorar (1Co. 11:24-25). La Santa Cena nos recuerda el “una vez ofrecido, plenamente valedero sacrificio" y la “amarga pasión y muerte de Cristo". Se conmemora en primer lugar el sacrificio de Jesús y su importancia intemporal. A ello se une la memoria de su “pasión y muerte", como lo atestiguan los Evangelios. La Santa Cena nos recuerda, pues, los acontecimientos concretos inmediatamente anteriores a la crucifixión, así como la importancia permanente de la muerte en la cruz.

La participación en la Santa Cena tiene importantes efectos, siempre y cuando sea tomada “dignamente" (1Co.11:27), lo cual se logra, entre otros, por la fe, aceptando el perdón de los pecados y con un corazón dispuesto al arrepentimiento. Gustando dignamente la Santa Cena nos es garantizada la “comunión de vida con Jesucristo, nuestro Señor" (Jn. 6:56). En este sentido, la Santa Cena fortalece la fe en Jesucristo como también la voluntad y la capacidad de seguirle. En la Santa Cena, el creyente tiene comunión sacramental con Jesucristo, su Señor, y es fortificado para llevar una vida acorde.

Luego se habla de cómo están constituidos los medios sacramentales: “es celebrada con pan sin levadura y vino". Para poder celebrar la Santa Cena, hace falta que haya “pan sin levadura" y “vino", ambos en paralelo con la cena de la Pascua. Así como el agua en el Santo Bautismo con Agua, el “pan sin levadura y el vino" son los requisitos previos visibles para este Sacramento.

Después de tratar sobre las señales exteriores, el final del séptimo artículo nombra las condiciones previas para lograr la realidad sacramental, o sea, la presencia de cuerpo y sangre de Cristo. Pan y vino deben “ser separados y suministrados por un portador de ministerio autorizado por el Apóstol". El ministerio de Apóstol y los portadores de ministerio autorizados por él hacen posible la presencia de cuerpo y sangre de Cristo en pan y vino (ver 8.2.22).

El ministerio autorizado, necesario para dar lugar a la plena realidad sacramental, lleva a cabo dos cosas: consagra y suministra la Santa Cena. “Consagrar" o “separar" significa primero que pan y vino son separados de su uso habitual (“En el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, separo pan y vino para la Santa Cena"), y al ser pronunciadas las palabras de institución hace posible la presencia oculta de cuerpo y sangre de Cristo en los elementos visibles del pan y del vino. “Suministrar" o “dispensar" la Santa Cena significa, en este contexto, hacer accesibles cuerpo y sangre de Cristo a la comunidad, como se expresa en la invitación para tomar la Santa Cena y en la distribución de las hostias consagradas.

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