2.1 Las Confesiones de fe bíblicas

Ya el antiguo pacto tenía sus fórmulas de Confesión. La Confesión a Jehová como el Dios de Israel se vincula con su histórico acto de salvación para su pueblo, la liberación de la esclavitud egipcia (Dt. 26:5-9). Tal Confesión a un solo Dios implica el rechazo hacia otros dioses (Jos. 24:23).

El centro del Servicio Divino en las sinagogas es la Confesión de fe: “Oye, Israel" (“Schma Jisrael") que dice, entre otras cosas: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. [...] Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa" (Dt. 6:4-7).

Las Confesiones de fe del Nuevo Testamento dan expresión al acto de salvación de Dios en Jesucristo. Desde una época temprana, los cristianos ya utilizaban fórmulas para expresar su fe en el caso de los Bautismos o los Servicios Divinos.

Un ejemplo de ello es la fórmula “Jesús es el Señor" (Ro. 10:9). Una importante afirmación de las Confesiones de fe de la Iglesia del principio es la declaración de la resurrección del Señor: “Ha resucitado el Señor verdaderamente" (Lc. 24:34; comparar con 1 Co. 15:3-5). También “El Señor viene" (1 Co. 16:22, en arameo: Maran-ata) puede ser entendido como una Confesión. Era comúnmente utilizada primero en comunidades que hablaban el arameo, en la Iglesia del principio.

Se pueden encontrar más Confesiones a Jesucristo, su naturaleza y su obra en los himnos de la Iglesia del principio como por ejemplo en 1 Timoteo 3:16: “Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria" (Fil. 2:6-11, Col. 1:15-20).

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