13.5.1 Posición frente al Estado

La Iglesia Nueva Apostólica valora las relaciones francas y constructivas con los gobiernos, las autoridades y las congregaciones religiosas. Adopta una postura neutral frente a los partidos políticos. En su actividad se orienta por las leyes vigentes en el respectivo país, de acuerdo con Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas" (comparar con Tit. 3:1 y 1 P. 2: 13). Esto, no obstante, no significa que todas las disposiciones surgidas de las “autoridades superiores" sean también de Dios, pues estas pueden cometer equivocaciones en sus funciones, incluso pueden producir graves daños. También el poder del Estado debe ser medido según los mandamientos divinos.

La Iglesia cumple con sus deberes dentro de las leyes y disposiciones del respectivo país; por su parte, espera que su posición sea respetada y reconocida.

La Iglesia espera que sus miembros cumplan las leyes y deberes cívicos de su país, siempre que sean acordes con los mandamientos divinos. Lo que se informa en Hechos 4 sobre Pedro y Juan puede servir de guía: cuando les fue prohibido enseñar en el nombre de Jesús, consideraron que su deber de obedecer a Dios era más importante que el deber de obedecer a las autoridades: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios" (Hch. 4:18-19). Más tarde se justificaron ante el concilio con las palabras: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch. 5:29). Aquí se puede reconocer que es necesario, en principio, que un cristiano esté subordinado a las autoridades estatales, pero estas, no obstante, están subordinadas a las leyes divinas. Esta posición es expresada en el décimo artículo de la fe: “Yo creo que estoy comprometido a obedecer a las autoridades mundanas, siempre que con ello no sean transgredidas las leyes divinas". Por lo tanto, puede haber puntos de conflicto entre las leyes terrenas y los mandamientos divinos. En tales casos, es responsabilidad de cada uno decidir individualmente si, en base a su convicción de fe, se debería oponer a una norma establecida que transgreda las leyes divinas. Se debe entender por “normas establecidas" a las disposiciones provenientes de instancias superiores.

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