13.4 Cumplimiento de las obligaciones en la profesión y la sociedad

Los vínculos religiosos, sociales y profesionales, en los que se hallan los seres humanos, condicionan su conducta de diferentes maneras. Para un cristiano, el punto inicial en el cumplimiento de estas obligaciones es la fe en Dios como aquel que establece y conserva el orden. La imposición de obligaciones y la exigencia para su cumplimiento son las características esenciales de la ley mosaica. Pero tampoco en el nuevo pacto el hombre está libre de obligaciones. Cumplirlas se entiende como una expresión de su fe en el Evangelio.

Los Diez Mandamientos proveen orientación para el cumplimiento de las obligaciones. Así, por ejemplo, se puede derivar del cuarto mandamiento el respeto y la gratitud que deben demostrar los hijos hacia los padres y la responsabilidad de los padres frente a sus hijos. Al final, tratan sobre respetar y aceptar a todas las autoridades hasta llegar a Dios. El tercer mandamiento también contiene indicaciones sobre la conducta en la vida cotidiana.

El tercer mandamiento dispone santificar el día de reposo; el texto bíblico continúa: “Seis días trabajarás, y harás toda tu obra" (Ex. 20:9). El individuo, por ende, tiene el deber de emplear sus energías no solamente para el propio bienestar y el de su familia, sino también en beneficio del Estado y la sociedad (Gn. 2:15; 3:17). Dios quiere dar a los hombres el pan cotidiano, pero ellos deben hacer su parte para tenerlo. Constituye una obligación para un cristiano, cumplir conscientemente las tareas que tiene asignadas en la vida cotidiana.

El cumplimiento de las obligaciones debe ocurrir dentro de ciertos límites. Las aspiraciones por una carrera no deben estar por encima del propio bienestar y del de su entorno.

El Apóstol Pablo enfatiza la obligación de los creyentes de obedecer las reglamentaciones de las autoridades estatales (Ro. 13:1 ss.). Pero sobre todas las cosas está el principio: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch. 5:29). Pablo agrega que cada uno es responsable del bienestar común (Ro. 13:7).

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