13.3.2 Matrimonio y bendición matrimonial

Las normas legales para las ceremonias matrimoniales, el estado matrimonial y el divorcio difieren de un país a otro; están sujetas a cambios como reflejo de las tendencias de la sociedad en constante evolución. La Iglesia Nueva Apostólica está a favor de la protección del matrimonio y la familia.

Recibir la bendición de boda en la Iglesia tiene gran importancia (ver 12.2.3.1). La bendición puede repercutir de diferentes maneras: afirma las fuerzas para que perdure el amor y la fidelidad; promueve la disposición para servir, ayudar y comprender; contribuye para perdonar los errores y reconciliarse. Sin embargo, la bendición recibida sólo podrá ejercer sus efectos cuando los cónyuges velen por ello en su conducta.

Es deseable que ambos cónyuges estén de acuerdo en los temas concernientes a la fe. El aceptar la palabra y la gracia, la oración compartida y las experiencias en la fe, dan firmeza al pacto matrimonial y fortalecen a la familia. De todas maneras, el hecho de que ambos cónyuges sean nuevoapostólicos no constituye una garantía en sí para una vida matrimonial armónica.

Antes del casamiento, en especial con un cónyuge de otra cultura, religión o confesión, se deben clarificar todas las cuestiones que hacen a la vida en común, lo cual redundará en beneficio del éxito en el matrimonio.

El adulterio constituye una grave violación de la confianza y un pecado (ver 5.3.7.2). Arrepentimiento sincero y penitencia, disposición a la reconciliación y la gracia de Dios pueden hacer posible a los cónyuges proseguir con el matrimonio. La Iglesia recomienda agotar todas las posibilidades para preservar y estabilizar el matrimonio.

En caso de llegar al divorcio del matrimonio, se debe prestar atención a que no tengan lugar exteriorizaciones ni actos hirientes. Ante todo a los hijos del matrimonio habría que demostrarles una conducta que les posibilite conservar también en el futuro la atención y dedicación de ambos padres.

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