13.2.1 Del servicio de los sacrificios en el Antiguo Testamento hasta la entrega de la vida a Dios

En casi todas las religiones de la antigüedad, eran muy importantes las ofrendas y el servicio de los sacrificios, como así también en Israel. Con las ofrendas se buscaba propiciar la misericordia de Dios, evitar el castigo y procurar reconciliación. Las ofrendas eran muy variadas.

Las primeras ofrendas mencionadas en la Biblia fueron las de los hijos de Adán y Eva: Caín ofrendó frutos del campo, Abel mató animales de su rebaño (Gn. 4:3-4). Dios miró a ambos ofrendadores y a sus ofrendas. Mientras aceptó con agrado la ofrenda de Abel traída con fe, rechazó a Caín y su ofrenda (He. 11:4 y Gn. 4:4-5). Por lo tanto, Dios no ve con agrado todas las ofrendas; lo decisivo para que Dios las acepte con agrado es el sentimiento con el que se le ofrecen las dádivas.

La ley mosaica imponía un servicio de sacrificios de múltiples facetas y rituales. Abarcaba el holocausto, la ofrenda de alimentos, la ofrenda de agradecimiento, la ofrenda por el pecado y la ofrenda expiatoria que eran ofrecidas a Dios (Lv. 1 a 7). Además de la ofrenda matutina y la vespertina, en determinados días del calendario los sacerdotes ofrecían sacrificios especiales por el pueblo. Se cubrían de esa manera los pecados del pueblo de Israel. También había ofrendas que traía cada individuo por diferentes motivos, acaso por faltas cometidas inconscientemente (Lv. 4 ss.) o por las inmundicias de su cuerpo (Lv. 15:14 ss.).

La totalidad de los servicios de los sacrificios establecidos en el Antiguo Testamento perdieron su valor para siempre por medio de la ofrenda de Cristo (He. 8 a 10:18).

En el nuevo pacto, la ofrenda adquiere otra dimensión. Así el Apóstol Pablo hace un llamado a los cristianos para que presenten sus cuerpos “en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios" (Ro. 12:1). Esto significa que uno debe conformar su vida según los parámetros del Evangelio: el cristiano se entrega a Dios con todo lo que tiene y es.

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