13.1.5 La oración de los cristianos nuevoapostólicos

La oración conjunta en el Servicio Divino cumple una función esencial: después de la invocación trinitaria a Dios, comienza la oración inicial, en la cual se presentan adoración, alabanza y agradecimiento por la protección y el acompañamiento, peticiones e intercesiones. Con el Padrenuestro, la comunidad pronuncia conjuntamente la oración del Hijo de Dios. Antes de la consagración de la Santa Cena, se pronuncia la oración del sacrificio, en la cual se agradece por el sacrificio de Cristo, el perdón de los pecados que ya ha acontecido, el envío de los Apóstoles y la promesa del retorno de Cristo. Al final de Servicio Divino se pronuncia una oración en la cual se agradece por lo recibido en el Oficio, se ruega por protección y acompañamiento de Dios en el camino y se expresa la nostalgia por el día del Señor; en las intercesiones tienen lugar, además de las súplicas de los hermanos en la fe, también las de todos los hombres. Así también se ruega que Dios acepte las ofrendas y bendiga a quienes han ofrendado.

Además de las oraciones conjuntas realizadas en los Servicios Divinos, los cristianos nuevoapostólicos cultivan una intensa vida de oración individual. Ellos comienzan y finalizan el día con una oración. Así también oran antes de las comidas. En el curso del día, asimismo, se dirigen una y otra vez a Dios a fin de sentir su cercanía y buscar su ayuda. En las familias, los padres oran con sus hijos, llevándolos a tener su propia vida de oración.

La oración no está ligada a una forma externa. No obstante se puede favorecer la profundidad de la oración, por ejemplo, cerrando los ojos, juntando las manos o arrodillándose. El que ora se retrae así del ajetreo de la vida cotidiana, hace una pausa y se inclina humildemente ante Dios.

Al orar no es necesario expresarse con palabras especialmente seleccionadas; Dios conoce el corazón del que ora. Si su actitud se caracteriza por humildad, fe, confianza y amor, esa oración ciertamente agrada al Todopoderoso. No es necesario que el que ora pronuncie las palabras, también las oraciones en silencio llegan hasta Dios.

En su contenido, la oración está determinada en general por adoración, agradecimiento, petición e intercesión. El conocer la majestuosidad de Dios y la gracia de poder llamarlo Padre (Ro. 8:15) instan a adorarlo. El agradecimiento incluye todo lo que ha surgido de la bondad de Dios: forma parte de ello ante todo lo grandioso que hizo Dios y aún hace en el hombre a través de la palabra, la gracia y los Sacramentos. Además se agradece por las dádivas materiales como alimento, vestimenta, vivienda, pero también por la protección y el amparo angelical. En las peticiones se traen ante Dios todos los deseos, como por ejemplo protección en la fe y ayuda divina en la vida cotidiana. La petición más importante se orienta al pronto retorno de Cristo y a alcanzar la dignidad para el mismo. La intercesión no está limitada a la propia familia o a la comunidad. Más bien comprende a todos los que necesitan la ayuda de Dios, sea en esta tierra como en el mundo de allende.

No toda oración debe estar integrada por estas cuatro partes, Dios también escucha una oración breve y fervorosa elevada a Él en situaciones particulares de la vida. Así, acaso las depresiones, los estados de angustia, los dolores corporales o el sufrimiento profundo pueden llevar a que ya no se encuentren los pensamientos para formular una oración. Tampoco en esos momentos, el que ora queda excluido de la ayuda y la cercanía de Dios. Al respecto dice Romanos 8:26: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles". También puede servir de ayuda orar el Padrenuestro o decir un salmo, como por ejemplo Salmos 23.

La oración finaliza con la palabra hebrea “amén", que significa: “así sea". Resulta intrascendente si uno mismo pronunció la oración o si participó de la misma en espíritu.

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