12.4.1 Enseñanza para los niños

Los niños son un don de Dios (Sal. 127:3); sus padres los atienden y los educan con sus mejores fuerzas. Ellos brindan a sus hijos todo su amor.

Ya en el antiguo pacto, Dios manda a los padres que instruyan a los hijos sobre sus obras y sus disposiciones; esto forma parte de una educación consciente de la responsabilidad que implica: “Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos; a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos" (Sal. 78:5-7; comparar con Dt. 6:6-7; 11:18-19).

Este encargo establecido por Dios sobre la educación religiosa de los niños, también compromete hoy a los padres. Tomando conciencia de la responsabilidad que esto implica, son convocados a introducir a sus hijos en una forma de obrar con responsabilidad propia y fundamentada en los valores básicos del Evangelio, de lo cual también forma parte el iniciarlos en el amor a Dios y al prójimo. Asimismo, deben ser para ellos un ejemplo en la vida de oración y en la fidelidad para ofrendar.

Una tarea importante para los portadores de ministerio y los hermanos y hermanas que tienen a su cargo funciones de docencia, es apoyar a los padres en su responsabilidad para que los niños crezcan como cristianos nuevoapostólicos con convicción.

A tal efecto también sirven los Servicios Divinos para los niños que tienen lugar en muchas Iglesias regionales. En ellos experimentan la cercanía de Dios y se promueve su fe en una forma apropiada a su edad.

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