12.1.7.2.2 “Santificado sea tu nombre."

Dios, el Trino, es santo. Los creyentes hablan de Él con profunda reverencia. Dando toda honra a Dios, alabándolo y glorificándolo, y esforzándose en vivir conforme a su voluntad, contribuyen para santificar su nombre. La oración del “Padre Nuestro" recuerda el segundo mandamiento (ver 5.3.3) y hace posible santificar conjuntamente el nombre de Dios a través de palabras e inclinarse con temor de Dios y humildad ante la grandeza del Eterno.

En el nuevo pacto, Dios reveló su nombre en su Hijo: Jesucristo. Este nombre debe mantenerse santo; es el nombre “en que podamos ser salvos" (Hch. 4:10 y 12; comparar con Fil. 2:9-11).

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