11.2.4 La Reforma

La búsqueda de la forma original del Evangelio y de la conducción del Espíritu Santo determinaron en Europa un desarrollo que se puede describir bajo el término “Reforma" y se halla muy vinculado a Martín Lutero (1483 hasta 1546).

La crítica de la secularización de la Iglesia romana y el regreso a las fuentes impulsado por los humanistas, así como la dedicación a la Biblia que surgió a partir de ello, fueron los precursores significativos de la Reforma.

Lutero desarrolló su teología basado en su interpretación de la Biblia. En el centro se halla la doctrina de la justificación con su idea fundamental de que Dios no recompensa las buenas obras, sino que concede su gracia al hombre pecador que cree en Cristo.

Lutero entró en conflicto con la Iglesia Romana, porque rechazó la autoridad del Papa y puso en duda la infalibilidad de los concilios. El único fundamento de la doctrina debía ser la Biblia en su testimonio de Jesucristo. Lutero tradujo la Biblia al idioma alemán, haciéndola accesible al pueblo.

La rápida difusión de la Reforma en Alemania no solamente se debe a Lutero y otros reformadores, sino también a los intereses políticos y económicos de muchos gobernantes.

Fuera de Alemania, la Reforma ganó terreno ante todo en el norte de Europa y en los Países Bajos, en Francia e Italia. En Zurich estuvo activo el reformador Ulrico Zwinglio (1484 hasta 1531), en Ginebra Juan Calvino (1509 hasta 1564), quien comenzó un movimiento reformador independiente.

Los ideales de la Reforma también tomaron dimensiones políticas. La adoptaron tanto los soberanos como los campesinos, con diferentes motivaciones, para alcanzar objetivos sociales y políticos.

En 1534 surgió en Inglaterra, en forma independiente, la Iglesia Anglicana.

Como reacción a la Reforma, el Concilio de Trento (desde 1545) inspiró en la Iglesia Católica Romana una autorreflexión y una renovación, preparando el camino para la Contrarreforma.

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