11.1 Las primeras comunidades cristianas

Según el envío de Jesucristo, la tarea de los Apóstoles es la de ir a todas las naciones para proclamar el Evangelio y hacer discípulos a los hombres.

Primeramente los Apóstoles se dirigieron a los judíos; en Jerusalén surgió la primera comunidad. Debido a las persecuciones, muchos creyentes huyeron de Jerusalén (Hch. 8:1; 11:19). En su nuevo entorno también anunciaron la palabra del Señor, como por ejemplo Felipe en la capital de Samaria.

Dios mostró al Apóstol Pedro en una visión, que el Evangelio también está dirigido a los gentiles (Hch. 10 y 11).

Un paso decisivo para llevar el Evangelio a los gentiles fue la conversión de Saulo (Hch. 9). En Hechos 14:14 se lo menciona por primera vez como Apóstol, junto a Bernabé y con el nombre de Pablo.

En la asamblea de Apóstoles de Jerusalén se trataron y definieron temas urgentes y decisivos sobre la posición a adoptar frente a la misión de los gentiles y al significado de la ley mosaica en relación con el Evangelio (Hch. 15:1-29).

Mientras que los Apóstoles Pedro y Jacobo proclamaron principalmente el Evangelio entre los judíos, los Apóstoles Pablo y Bernabé viajaron con ese objetivo a los países gentiles del ámbito del Mediterráneo. Otros Apóstoles, como escribe Eusebio de Cesarea en su Historia de la Iglesia, deben haber llevado el Evangelio a otros países de Asia y África, donde fundaron comunidades.

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