1.4.4 La fe y la prédica

Jesucristo dejó en claro que la fe en Él y su Evangelio se produce al recibir la palabra de los enviados, sus Apóstoles: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos" (Jn. 17:18 y 20).

La prédica del Evangelio genera fe: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Ro. 10:17).

El Resucitado ha dado el encargo a sus Apóstoles de predicar el Evangelio en todas las naciones y guardar su palabra (Mt. 28:19-20). En vista de la bienaventuranza, de la futura salvación, es indispensable aceptar con fe la prédica del Evangelio; al respecto dice Marcos 16:16: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado".

EXTRACTO

La fe es uno de los hechos fundamentales de la vida humana. (1.4)

El fundamento y contenido de la fe cristiana es el trino Dios. Siempre que Dios se manifiesta, convoca al hombre a tener fe. La fe es una demostración de la gracia de Dios, que el hombre debe hacer realidad en la consumación de su vida. (1.4)

En el antiguo pacto se trataba de tener fe en Dios, el Padre, que se mostraba como el Creador, el que preserva y libera. (1.4.1)

Con la encarnación de Dios, el Hijo, se cumplieron las promesas del Antiguo Testamento referidas al Mesías que vendría. Desde entonces se exige la fe en Dios, que no sólo es el Creador sino que se manifiesta en Jesús. A través del renacimiento de agua y Espíritu, Jesucristo revela al hombre la filiación divina y la posibilidad de alcanzar la primogenitura. (1.4.2)

La fe en Dios, el Espíritu Santo, es la fe en el Espíritu que actualmente guía a toda verdad y manifiesta la voluntad de Dios. (1.4.3)

La prédica de los enviados de Jesús genera fe. Para lograr la salvación es indispensable aceptar la palabra de Dios transmitida en la prédica. (1.4.4)

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