1.2 La Sagrada Escritura

Durante muchos siglos hubo personas que se dedicaron a registrar por escrito las revelaciones vividas y el obrar de Dios en la historia de la salvación. Los escritos sobre el obrar, las promesas y los mandamientos de Dios ya poseían una elevada autoridad en el judaísmo en el tiempo posterior al exilio babilónico, es decir, en los siglos previos al nacimiento de Cristo. También en las epístolas del Nuevo Testamento se los califica como “santas Escrituras". El hecho de que estas Escrituras están fundadas en la inspiración divina, queda remarcado en la segunda epístola de Timoteo: “... y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar" (2 Ti. 3:15-16).

Mientras que el Apóstol Pablo llamaba “Sagradas Escrituras" a la compilación de escritos sagrados del judaísmo que se utilizaba en su tiempo, en el vocabulario cristiano de la actualidad el concepto “Sagrada Escritura" se utiliza para la compilación de los escritos del antiguo y del nuevo pacto.

El término “Biblia" proviene de la palabra griega “biblia" y significa “libros, rollos de libros". La Biblia es una compilación de libros del tiempo del Antiguo Testamento surgidos en el curso de más de 1.000 años, así como de libros del Nuevo Testamento escritos en el curso de unos 70 años.

El autor de la Sagrada Escritura es Dios, sus redactores fueron hombres inspirados por el Espíritu Santo (2 P. 1:20-21). Dios se sirvió de sus capacidades para dejar sentado por escrito lo que según su voluntad deseaba que fuera transmitido. Si bien en cuanto a su contenido los libros bíblicos tienen su origen en el Espíritu Santo, en su forma y modo de expresión llevan la impronta de los respectivos redactores y su mundo imaginativo. Se le debe dar gracias a Dios de que estos textos pudieron ser conservados a través del tiempo sin ser adulterados.

La Sagrada Escritura es un testimonio de la revelación de Dios y no pretende ser un informe completo de todas las obras realizadas por Él (entre otros, Jn. 21:25).

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