1.1.3 Dios se revela en su Hijo

La encarnación de Dios en Jesucristo es la automanifestación histórica de Dios que supera todo lo sucedido anteriormente (Jn. 1:14; 1 Ti. 3:16). El nacimiento del Hijo de Dios es ubicado en un marco histórico expresamente en Lucas 2:1-2: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria".

La connotación histórica de la encarnación de Dios también es subrayada por la 1º epístola de Juan, donde el autor confronta a grupos dentro de la comunidad cristiana que negaban que Jesucristo “ha venido en carne" (1 Jn. 4:2) y dice además: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida [...] lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1:1-3).

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